Este es el poema que abre Necesito hablar con Wanda.

WANDA
Estuvo a punto de destruir el mundo.
En realidad, lo hizo.
Muchos desconocen los pormenores de la historia.
Yo recuerdo todo.
Leí lo del apagón, la ciudad devastada, la desaparición de los demás…
y lo supe.
Lo supe mucho antes de que me sucediera a mí,
porque nada más intuir a las doctoras,
comprendí.
Rompí a llorar y me retorcí
y me retorcí entre las sábanas
y me negué a levantarme
–era la única posibilidad de destrucción
que tenía a mi alcance–.
Se sentaron allí las dos frente a mí
y se sucedió lo inevitable:
Darías a luz un bebé muerto a los seis meses.
Pude haber hecho lo que Wanda
–incluso arrasarme a mí misma–,
pero simplemente permanecí varios días en la cama,
en silencio.
Wanda también lo hizo después de volar la ciudad.
Nos negaron la posibilidad de ser madres.
Tuvimos más que un ataque de nervios.